lunes, 16 de julio de 2007

ANDALUCÍA

Anoche llegué a Madrid, pero es sólo un intermedio. En un par de semanas me largaré de nuevo a recorrer nuevos lugares, y otros no tan nuevos.

Esta semana ha sido un poco confusa, y finalmente agotadora. El calor gaditano ha hecho mella en mí, el levante en calma me ha anulado como a un insecto, y por momentos parecía infectado por la mosca tsé-tsé. Aún así he tenido la oportunidad de sumergirme en las aguas de la Caleta, y también de los Caños de Meca. He ido a la feria del Carmen y de la Sal, he visto a familiares y amigos, he comido en casa, he dormido como una marmota y tengo la cara más colorada que la puerta de un horno. Vamos, que me ha cundido.

Pero este viaje ha sido especialmente evocador. Han venido a mí recuerdos de años atrás, porque de un modo u otro he tenido que cruzarme con personas, lugares y cosas que me han hecho viajar en el tiempo. Esta vez he sentido más que nunca lo lejos que estoy de aquel día que me subí a un autobús, viendo cómo Cádiz se alejaba por la ventanilla trasera. Ahora la gente me pregunta que qué tal por los Madriles, y suelen terminar diciendome: "Tú ya te quedas allí ¿No?". Yo siempre les digo que sí.

Cuando decidí comprar aquel billete, pensaba que podría invertir un año aquí en Madrid, aprender lo suficiente como para encontrar un buen trabajo en Cádiz, y vivir mi vida donde pensaba que era el mejor sitio del mundo. Mi familia, mis amigos, todo lo que quería estaba allí, y el regreso era mi objetivo. Menudo iluso...

De esto hace ya seis años y medio, y ahora me doy cuenta de que probablemente nunca regrese de manera definitiva... salvo quizá de jubilado. Madrid tiene muchas carencias, pero también me ofrece cosas que Cádiz no puede darme ahora, y que necesito.

Desde aquí, quiero dar las gracias a las personas que han hecho posible que Andalucía, probablemente una de las zonas más ricas de toda España, sea uno de los lugares donde más problemas tiene la juventud para comenzar una vida digna. El trabajo es precario, las oportunidades escasas, son pocas las inversiones en algo que no sea el turismo y el servilismo a los pudientes. Gracias, señores políticos por consentir el éxodo masivo. Al menos puedo conservar a mis amigos de siempre, porque casi todos están aquí en Madrid, huyendo como yo de los desgraciados que te pagan cuatro duros por currar como un cabrón, con la amenaza constante de una interminable cola de parados esperando tu puesto.

Hoy me siento gaditano, y me tocan los cojones la panda de sinvergüenzas, vagos y maleantes que sangran mi tierra y la hunden en la miseria. Hay basura que el levante no consigue arrastrar.