domingo, 23 de mayo de 2010

Cansancio

Estoy agotado.

Llevo una racha de no parar que me está dejando física y mentalmente agotado. No me preocupa, porque sé que se acerca el verano, y siempre se nota un bajón, que aprovecharé para considerarlo como vacaciones.

La semana gallega resultó ser fulminante, pero volví de allí con un buen sabor de boca importante, y no sólo por la ruta culinaria, siempre inevitable en esas latitudes, sino por todo en general. El aniversario del Mármara de Vigo fue increíble, y la gente de Vigo se portó genial conmigo. Encima estuve acompañado por otros cómicos, y eso siempre es un punto favorable. Pero no solo disfruté de Vigo. También conocí Pontevedra, La Guardia, As Pontes... Y en todas partes encontré gente cojonuda, que me regalaron noches para no olvidar, y que me hacen pensar que la de cómico es una de las mejores profesiones del mundo.

Pero lejos de descansar, la semana siguiente estuve en Marbella, luego en Ciempozuelos, donde además pude conocer en persona a Unay, un pequeño maromillo de dos semanas de vida, que es el hijo de mi buen amigo Carlos, al que considero un hermano. Después me tocó ir a Badajoz, donde pasé un poco de vergüenza por la calle, que habían forrado con fotos mías por todas partes. Iba caminando y mirando al suelo cada vez que me cruzaba con una hilera de carteles (porque los ponían de diez en diez). Y de Badajoz, a Carrizo de la Ribera, en León, donde además de dormir en una posada bastante chula, pude hacer algo de turismo rural durante el domingo.

Pero es que la semana siguiente, vuelta a Málaga,esta vez en la capital, que me vino genial para poder quedar con mi amiga Belén, a la que no veía desde la noche de Reyes Magos. Y de Málaga a Mallorca, que no sé si por subconsciente infantil, o porque sencillamente es una tierra especial, siempre me quedo con las ganas de más. Lo malo fue que al volver tuve que compartir vuelo con decenas de alemanes borrachos que venían para la final de la Champions, gritando todo el rato.

Encima, en el aeropuerto se dedicaron a tocarme los kiwis desde el momento que entré por la puerta. Primero, retrasando el vuelo de las 16:25 a las 17:10. Voy al control para pasar dentro de la zona de embarque, y me dicen que tengo que abrir la maleta porque hay "algo" en mi neceser. Es un bote de mousse fijador que uso para el pelo. Le digo al tipo que llevo lo mismo que traje de Madrid, y que no hubo problemas, pero me dice que se la suda (no con esas palabras), y me dice que no puedo pasar el bote, que tiene que ser de como máximo 100ml, y que el que llevo yo, tiene 200ml. Le digo que el tarro está con solo 1/3 de producto, por lo que llevo menos de 100ml, pero me dice que como el envase es de 200ml, pues que no pasa. Entonces ¿Se puede llevar una botella vacía mayor de 100ml? Porque si lo importante es el contenido (quiero pensar que es así), ¿Qué más da si el bote tiene más capacidad? ¿Qué pasa si meto nitroglicerina en un tarro de 50ml? ¿O si llevo 4 botes de 100ml? El tipo se reía, pero me dice que tengo que facturar la maleta. Evidentemente, y volando con Ryanair, me niego a facturar y le digo que se quede el bote, pero como el tío tenía una buena calva, y el resto del pelo bastante corto, le dije "total, a ti no te sirve".

Paso el control, ya sin mi preciado mousse, y me dirijo a la puerta de embarque de mi vuelo. Al pasar por las tiendas de duty free, veo las ensaimadas, y me agencio una. Tras un buen rato esperando, comenzamos a embarcar. Un grupo de alemanes (que se supone que es gente seria y ordenada) se pasa por el forro de los cojones la cola que habíamos hecho, y empiezan a embarcar. Como son inmensa mayoría, nadie dice nada. Cuando voy a entrar me dice la azafata que no puedo subir al avión con tres bultos. ¿Tres bultos? Llevo una maleta de mano, una puta ensaimada, y una bandolera en la que solo cabe mi cartera y la funda de las gafas. Le digo que no son bultos, y me dice que tengo que facturar. Me descojono en su cara, y le digo: ¡Observa!

Mientras la chica me mira, abro la maleta, meto la ensaimada y la bandolera, y la vuelvo a cerrar... Me niego a pagar a Ryanair por poder llevarme una ensaimada. Además, si mi ensaimada es un bulto ¿Por qué los sombreros de los alemanes no lo son? ¿O las bufandas? ¿Si le pongo una gomilla a la caja de la ensaimada y me la pongo en la cabeza puedo pasar? Me tocan las narices las gilipolleces que tienes que aguantar a veces en los aeropuertos. Si quieren seguridad, que se lo curren. Porque me descojono yo de la seguridad cuando un día te quitan un tarro de fijador, y al siguiente te ignoran mientras pasas por el arco porque el vigilante que debería mirar las pantallas, está de coñas con la chica que lleva los guantes de latex y predispuesta a sobarte si es necesario.

Y es que lo de Ryanair ya roza lo absurdo. Que si la maleta pesa más, hay que facturar: paga. Si no imprimes el billete en tu casa, y tienen que dártelo ellos: paga (40 eurazos además... debe ser que lo imprimen con pan de oro). Intentan sacar pelas de donde pueden, hasta el punto de vender "rasca y gana" durante el vuelo... Un día de estos la azafata se despelotará, y paseará por el pasillo para que le metamos billetes en el tanga (Que no es tan descabellado, cuando en su revista sacan mensualmente a una de sus azafatas medio en pelotas en la página central).

Y encima de las 17:10 ni de broma, salimos sobre las 17:30, después de tenernos sentados y sin movernos cerca de media hora, lo que amplió de una hora, hasta una hora y media mi estancia con los alemanes borrachos que no paraban de gritar.

Afortunadamente, cuando llegué a casa, me duché, me cambié y me fui a cenar al Green de Coslada con mis compañeros, para terminar haciendo monólogos en el cierre de temporada del local. Mariano es un crack, y allí estuvimos hasta las tantas de la madrugada en lo que terminó siendo una noche mortal, pero de las que hay que recordar. Pude ver a cómicos que nunca había visto (Raul el Massana, Juan Carlos Córdoba y Joseba Pérez), que son tres monstruos, y además volver a compartir escenario con mis queridísimos Hovik y Fontecha. Encima se pasaron por allí muchos amigos (Nacher, Nene, JuanKr, Harry Potter y alguno más). Los amigos del Paso de la Cebra, y algunos amigos más que anduvieron por allí, así que la noche fue redonda. Eso sí, en redondo caí yo en la cama, y al cerrar los ojos empezaron a bailar en mi cabeza las imágenes de toda la semana, la playa, los alemanes, mi bote de mousse desapareciendo en la basura, las actuaciones, la carretera... y por fin pude descansar, aunque todavía ando un poco agilipollado.