miércoles, 16 de mayo de 2007

Se acabó lo que se daba

Ya he terminado todos los bonus-day que tenía, y a partir de hoy las vacaciones serán de verdad, de las que descuentan días, de las que hay que mirar con lupa. De nuevo el tiempo es oro.

Ha sido un puente un poco alocado, y a pesar de haber sido humillado y vilipendiado por generaciones anteriores a la mía (por supuesto, con una absoluta falta de criterio y capacidad de observación), lo cierto es que el balance no ha sido malo del todo... pero tampoco como para tirar cohetes.

He pensado un poco sobre las aspiraciones de las personas, y sobre la importancia que se les da a según qué cosas en la vida. Yo no sé quién acierta y quién se equivoca... ni siquiera sé si en la vida hay aciertos o errores, o en realidad todo es un camino válido en el árbol de opciones. Pero si hay una cosa que tengo clara, es que lo que se ha dado en llamar frivolidad nos rodea brutalmente. Nos rodea con sus brazos mientras nos sonríe, pero solo si somos capaces de mostrar que pertenecemos al club de los que merecen la pena. De no ser así, no esperes nada de ellos (y algunos no aprecian el favor que en realidad les están haciendo con ello).

Yo tiendo a hablar con todo el mundo, de todas las condiciones. Me gusta, porque a cada persona puedes encontrarle el punto de conexión, y nutrirte de información, aprender de ellos y compartir experiencias y opiniones. Pero no es menos cierto que tengo mis preferencias, y aunque no suelo catalogar a las personas en grupos a la hora de tratarles, sino que prefiero dar a cada persona su propia ubicación, hay coincidencias contundentes en según qué ambientes. He llegado a la conclusión de que el glamour me aburre. Me parece cómico en sí mismo, triste por lo que provoca a los que lo anhelan a cualquier precio, y absolutamente erróneo como rasero.

Cada día nos reinventamos a nosotros mismos. Nos marcamos directrices sobre lo que debemos ser y lo que no, lo que es bueno y lo que no, lo que es elegante, divertido, correcto, justo... Cuarenta años en el desierto dicen que vagó el pueblo judío, y nos lo venden como "mucho tiempo". Pero como raza, llevamos muchos miles de años intentando redefinirnos, y se ve que nos cuesta, a juzgar por los resultados.

Cuando la silicona, el botox, DyG, Channel, la coca y los clubs fashion de la muerte ya no surten el efecto deseado, queda la persona. Si está medio llena o medio vacía dependerá en gran medida de qué estemos buscando. Pero también de lo que haya dentro. Lamentablemente hay mucha persona hueca en estos ambientes, como joyeros vivientes, pero que decepcionan cuando los abres y contemplas el vacío de su interior. Afortunadamente para ellos, en su mundo esta no es una carencia importante.