lunes, 19 de mayo de 2008

La Ruleta de la Fortuna

Que la vida es impredecible es un hecho. Uno nunca tiene ni la menor idea de lo que va a pasar en los cinco minutos siguientes, o en media hora, o en una semana. Muchas veces pasamos nuestro tiempo inmersos en una inercia cotidiana que nos lleva sin pena ni gloria, girando detrás del minutero sin ser conscientes de ello.

Pero a veces suceden cosas, y son como muescas en esa línea, como baches que te hacen rebotar y despertar de ese letargo, y darte cuenta que la vida es finita, que tienes muchas cosas por hacer y que a lo mejor, solo a lo mejor, no estás aprovechando tu tiempo como deberías.

Hoy me he enterado de que Kiko, de Gran Hermano, puede tener cáncer de páncreas. No es algo que debiera ser extraño, sucede cada día a mucha gente esto de que le trunquen su cotidianeidad de repente, sin venir a qué. Pero es cuando le sucede a gente que te es familiar, aunque sea televisivamente, cuando te paras a pensar que te podría ocurrir a ti. Tiene 31 años, y eso lo hace más brusco, si cabe.

Por supuesto, quiero mandar un abrazo desde aquí a este chaval (porque es un chaval), y desearle que se recupere. Estoy convencido de que cojones no le faltan para esta batalla. Porque lo que tiene por delante es una batalla, y bastante jodida.

No es que me caiga especialmente bien. Tampoco especialmente mal. El que me conozca sabe que considero a Gran Hermano como un nido de parásitos sociales, aunque reconozco que si ha sabido mantenerse en ese mundillo después de tantos años, será que algo sabrá hacer. Porque en esta vida, muchas veces las cosas no son lo que parecen, y a menudo los talentos (del tipo que sean) surgen donde menos lo espera uno, y se conoce que hasta para dar caña hay que valer. Digo yo que será así, cuando él ha seguido ahí y otros no.

Sea como sea, me da que pensar. Si creyera en Dios, le daría gracias por cada uno de los minutos que disfruto. Pero no es el caso, así que lo único que puedo hacer es tratar de ser consciente de quién soy, dónde estoy, y qué quiero hacer con mi vida. Parece sencillo, pero seguro que se me vuelve a olvidar... de hecho creo que es un recurso que tenemos, para sobrevivir cada día a la locura de saber que el tiempo corre, y de qué manera...