jueves, 30 de agosto de 2007

Taxistas

Está claro que la mejor forma de equivocarse es generalizar.

Pero de un tiempo a esta parte vengo observando que muchos taxistas, por algún motivo que desconozco, tienden a confundir las monedas de dos euros con las de cincuenta céntimos. Y qué curioso, nunca es a favor del cliente...

Uno se monta en un taxi, viene de tomar unas cañas con los amigos, es la una y pico de la madrugada y lo que quiere es pillar la camita lo antes posible. El taxista te da el cambio, está oscuro, tampoco vas a sacar el móvil para iluminar el puñado de monedas, te despides y te bajas. Cuando las farolas te muestran la realidad, el tunante se aleja a toda pastilla.

No me ha tangado mucho, sólo un euro con cincuenta, pero es la segunda vez en un año (no cojo demasiados taxis, así que para mí es una frecuencia alta). Y como sinceramente pienso que los taxistas no son gilipoyas, he llegado a la conclusión de que son justo todo lo contrario: unos listos.

Insisto en que no quiero generalizar, pero estas cosas me cabrean enormemente. Hay que ser miseria para ir rascando monedas de esta forma a las personas que les damos de comer. Gente así, son las que dan fama a todo un colectivo de trabajadores, y menuda fama...

Mi hermana (he hablado de ella alguna vez), ya se ha topado con un taxista que se masturbaba mientras conducía, porque la observaba por el retrovisor. Y otro pájaro que le dió un paseo antes de dejarla en casa, no sin antes hacerle sacar dinero de un cajero, porque con la ruta turística excedió el presupuesto que ella había calculado. Luego me enfado con ella y le digo que coja un taxi cuando sale, que no vaya sola al metro a horas muy chungas, pero claro, si sales del fuego para caer en las brasas, pues te quedas con pocos argumentos.

Desde aquí quiero desearte, querido taxista, que todas esas "propinillas" que te granjeas a base de estafar a tus clientes te las gastes en medicinas. No voy a generalizar, ya lo he dicho varias veces, pero habéis conseguido que cada vez que coja un taxi, revise el cambio minuciosamente antes de bajarme, porque amigos míos, las propinas las decido yo. Y a partír de ahora tenderán a cero.